miércoles, 23 de diciembre de 2009

Disco: Andando el Tiempo.Gerardo Núñez (The Act Company, 2004)

Desde que Gerardo Núñez ofreciera antaño sus señas de identidad con El Gallo Azul (1987), un dilatado trayecto se ha podido observar en su granada andadura por los crípticos e insorteables senderos de la Música. La incesante búsqueda armónico-rítmica en Flamenco en Nueva York (1989), Jucal (1994) o Calima (1999), en aras de encontrar espacios que definan con sinceridad expresiva la voz nítida de su alma, da paso a nuevas páginas de su última obra, Andando el tiempo, que aúna, a la perfección, el fresco sello de la vanguardia y el sabroso perfume de la tradición. El paratexto referido al tiempo subjetivo e intransferible del guitarrista define así el leitmotiv principal del disco. Esta directriz marca, asimismo, el canon métrico de la Soleá de la luna coja, con destacadas aportaciones, la soleá por bulerías Templo del lucero, en la posición de Mi bemol con un preludio rítmico interior, así como el aire festero de Plaza de los plateros -jalonada sobre un estribillo-, Compás de amistad, Siempre es tarde, en la que imita puntualmente el efecto de un bajo eléctrico, o Ímpetu, en sentido homenaje al maestro Escudero. La armónica colaboración instrumental de Fresu, Sambeat o Díaz ponen de relieve, igualmente, la versatilidad y amplitud de miras de Núñez (v. g., en la rumba La Habana a oscuras). La íntima soledad del ritmo interior acompaña al músico, a modo de soliloquio sin palabras, en Trasgo, en la taranta de Nocturno, con ecos de su anterior tema Piedras negras (de Jucal) o en Yerma, pieza sustentada, esencialmente, sobre un profundo trémolo. El hibridismo armónico-métrico se observa, por último, en Canícula, a partir de la cadencia sonora de la rondeña de concierto. Tiempo maduro éste que nos ofrece Núñez, que como un crisol de reflexiones matizadas nos abre, en fin, las puertas de un sueño a modo de sugerencia musical.
Francisco J. Escobar Borrego.

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